1964119037727224
top of page
Buscar

Ya no quiero ser buena. Quiero ser traviesa.

A los 50 descubrí que portarme bien me estaba apagando.


Hay una edad —y no nos vamos a engañar, suele empezar alrededor de los 50— en la que el conflicto ya no es pequeño.


Antes podías callarlo.

Antes podías distraerte.

Antes podías decir: “bueno, ya llegará mi momento”.


Pero ahora no.


Ahora el cuerpo habla.

La cabeza martillea.

Y el estómago aprieta.


Porque ya sabes demasiado como para seguir viviendo a medias.


Lo que quiero


Lo que quiero es eso que me enciende.

Eso que me ilusiona.

Eso que me da miedo… pero me hace vibrar.


Lo que quiero no siempre es cómodo.

No siempre es prudente.

No siempre encaja con lo que otros esperan de mí.


Pero es mío.

Y cuando lo ignoro… me apago.


Lo que debo


Lo que debo es la voz heredada.

La de “a tu edad ya…”

La de “sé sensata”

La de “no compliques tu vida”

La de “mejor malo conocido…”


El “debo” suele venir con traje formal y cara de responsabilidad.


El “quiero” viene despeinado y con brillo en los ojos.


Y claro… el conflicto está servido.


El pellizco


Ese pellizco en el estómago no es ansiedad.

Es intuición.


Es tu alma diciendo:

“Por favor, no me vuelvas a dejar para después.”


A los 50 ya hemos cumplido mucho.

Hemos sido madres, esposas, trabajadoras ejemplares, hijas responsables, amigas disponibles…


Pero ahora hay una pregunta incómoda que no se calla: ¿Y yo qué?


Cómo resuelvo yo ese conflicto


No gano siempre.

No soy iluminada.

Meditó en postura imposible mirando al atardecer (ni por esas😂).


Pero hago algo muy sencillo:


Me pregunto:

¿Si no tuviera miedo, qué elegiría?


Y luego me pregunto otra cosa aún más potente:

¿Dentro de 10 años me arrepentiré más de haberlo intentado… o de no haberlo hecho?


La respuesta suele ser clara.

Y curiosamente… casi nunca es el “debo hacer”.


La verdad profunda


A esta edad ya no estamos para vivir en modo borrador.


Ya sabemos que el tiempo no se negocia.

Ya sabemos que la vida no avisa.

Ya sabemos que posponer también es una decisión.


Elegir lo que quiero no significa irresponsabilidad.

Significa coherencia.


Y cuando eliges coherencia… el estómago deja de apretar. Y el pulso cardiaco se ralentiza.


Nos hemos equivocado multitud de veces ¿Y? Ahora

si me voy a equivocar… que sea en algo que me haga vibrar. no algo que me deje correcta y vacía.


El conflicto entre lo que quiero y lo que debo no desaparece.


Pero cambia.


Deja de ser una guerra… y se convierte en una conversación madura.


Y cuando empiezas a escucharte de verdad, ocurre algo mágico: El “quiero” se vuelve más sabio.

Y el “debo” pierde autoridad.


Y un día te descubres tomando decisiones que antes no te habrías permitido.


Más ligeras.

Más tuyas.

Más vivas.


Y es que ahora entramos en una etapa en la que

no estamos empezando a apagarnos.


Estamos empezando a elegirnos.


Y eso, querid@… ya no tiene marcha atrás.


Con envidia mal diseñada me preguntan:

-¿Ahora qué de soltera disfrutona?

-Ahora lo que me salga del co….ra… zón. Y sin dar explicaciones.


Eso ya es travesura adulta.

Con conciencia.

Con brillo.

Con cero culpa.


Ahora lo que me dé la gana.

Ahora lo que me haga vibrar.

Ahora lo que durante años postergué por quedar bien.


Porque ya no estoy para ser correcta.

Estoy para ser coherente.


Y si eso incomoda…que coman ajo… ah no, así no era la frase… creo que era… que se vayan al carajo, qué ahí hay vistas maravillosas.

💛






Comentarios


¿Ganas de planes nuevos y gente maja? Tu nueva vida social empieza aquí. Regístrate ahora.  Es gratis

¡ Gracias por registrarte!

bottom of page