Recatada era la que bajaba la mirada cuando un hombre le hablaba. La que no reía fuerte, no ocupaba espacio, no llevaba la contraria, no iba sola a ningún sitio que mereciera la pena. La que esperaba. ¿¿Y ahora qué??
Durante años pensé que la vida tenía un calendario para todo. Hasta que entendí algo maravilloso: hay personas que florecen tarde… y cuando lo hacen, descubren que su mejor etapa apenas está comenzando.