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Hay personas a las que no quieres llevarte a la cama. Las quieres llevar contigo por la vida.

Encontrar a esa persona que quieres que siga sentada a tu lado dentro de diez años también es una historia de amor. Aunque nunca os beséis.


Chicas, hoy os quiero hacer una pregunta.


¿Alguna vez habéis tenido un amigo, pero AMIGO de verdad, con el que tenéis una conexión brutal?


De esas personas con las que puedes hablar durante horas.


Que te hacen reír.


Que te conocen.


Que aparecen cuando los necesitas.


Que te encanta tener cerca.


Te encanta, te encanta, te encanta…pero no te lo llevarías a la cama ni aunque os regalaran un fin de semana en un hotel de cinco estrellas. 😂


No hay deseo.


No quieres que sea tu pareja.


No fantaseas con despertarte abrazada a él.


Pero, curiosamente, sí hay otra cosa: te gustaría que siguiera sentado a tu lado dentro de diez años.


Y llevo un rato pensando…


¿Cómo se llama eso?


Porque nos han enseñado a ponerle nombre a casi todo.


Novio.


Marido.


Amante.


Ex.


Ligue.


Pareja.


Pero hay relaciones que no caben bien en ninguna de esas casillas.


Personas con las que existe intimidad sin sexo.


Cariño sin posesión.


Complicidad sin necesidad de convertir aquello en una pareja.


Personas a las que echas de menos.


A las que quieres contarles lo que te ha pasado.


Con las que puedes ser tú sin estar pensando si tienes buena cara, si has engordado dos kilos o si hoy estás especialmente interesante.


Personas ante las que simplemente…bajas la guardia.


Y quizá eso tenga mucho más valor del que le hemos dado. Yo me atrevería a llamarlo Chupiguay.



No necesitas a alguien que te prometa estar contigo para siempre.
No necesitas a alguien que te prometa estar contigo para siempre.

Durante muchos años nos hicieron creer que la relación importante de nuestra vida tenía que ser necesariamente una relación de pareja.


Como si todas las demás fueran relaciones secundarias.


Como si encontrar el amor fuera llegar a primera división y encontrar una amistad maravillosa estuviera bien… pero fuera otra cosa.


Y ahora no estoy tan segura.


Porque cuando vas cumpliendo años empiezas a entender algo.


No necesitas necesariamente a alguien que te prometa estar contigo para siempre.


Necesitas personas que quieran estar.


Sin obligación.


Sin contrato.


Sin papel.


Sin tener que llamarlo pareja.


Personas que te llamen un martes cualquiera.


Que se acuerden de aquella tontería que les contaste.


Que sepan cuándo necesitas hablar y cuándo simplemente necesitas una cerveza y que nadie te pregunte nada.


Personas con las que puedas viajar.


Reír.


Discutir.


Compartir silencios.


Y volver a casa pensando: qué suerte que esta persona exista en mi vida.


Y esto no es ninguna tontería.


La Organización Mundial de la Salud publicó en 2025 un gran informe sobre conexión social y llegó a una conclusión que me parece importantísima: nuestras relaciones sociales tienen una relación directa con nuestra salud y nuestro bienestar.


La OMS estima que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad y señala que mantener conexiones sociales fuertes está asociado con una mejor salud y una vida más larga.


Y el INE mide precisamente cosas que hace unos años quizá ni nos habríamos planteado como indicadores de calidad de vida: tener amigos o familiares a quienes pedir ayuda o tener a alguien con quien hablar de temas personales.


O sea…que tener a alguien no es poca cosa.


Y ese alguien no tiene por qué dormir contigo.


Ahí está la parte que me parece preciosa.


Porque quizá después de los 45, de los 50 o de los que tengas, empezamos a entender que no todas las personas maravillosas que llegan a nuestra vida tienen que convertirse en pareja.


Y qué descanso.


No tener que preguntarte inmediatamente:


“¿Le gusto?”


“¿Esto irá a más?”


“¿Qué somos?”


Quizá somos dos personas que se han encontrado.


Y punto.


Dos personas que se hacen bien.


Dos personas que se acompañan.


Dos personas que se eligen para determinadas partes del camino.


¿Eso es amistad?


¿Amor platónico?


¿Una amistad íntima?


¿Una conexión especial?


No sé.


Y casi me da igual cómo se llame.


Porque tengo cada vez más claro que existen muchas formas de querer y que hemos pasado demasiado tiempo intentando meterlas todas dentro de cajitas.


A veces alguien llega a tu vida y no quieres besarle.


Quieres conservarle.


No quieres acostarte con esa persona.


Quieres llamarla cuando te ocurra algo maravilloso.


No quieres compartir una hipoteca.


Quieres compartir conversaciones.


No quieres despertarte todas las mañanas a su lado.


Pero quieres saber que, cuando la vida se ponga fea, puedes sentarte a su lado.


Y quizá una de las cosas bonitas de cumplir años sea precisamente esa: dejar de medir el amor únicamente por el deseo y empezar a medirlo también por la presencia.


Por quién está.


Por quién escucha.


Por quién celebra tus alegrías sin competir contigo.


Por quién conoce tus miserias y no sale corriendo.


Por quién hace que una tarde normal se convierta en una tarde estupenda simplemente porque estaba allí.


Y ahora viene la frase que ayer compartí y que, por la reacción que tuvo, creo que nos tocó un poquito por dentro:


Hay personas a las que no quieres llevarte a la cama.


Las quieres llevar contigo por la vida.


Y posiblemente encontrar una de ellas sea uno de los mayores regalos de hacerse mayor.


Porque llega un momento en el que ya no buscas solamente mariposas.


Buscas verdad.


Risas.


Complicidad.


Conversaciones.


Planes.


Personas con las que puedas ser tú.


Y sobre todo…encontrar a esa persona que quieres que siga sentada a tu lado dentro de diez años.


No sé cómo se llama esa relación.


Pero sí sé una cosa.


Si tienes a alguien así, cuídalo.


Porque quizá el amor de tu vida no siempre sea alguien a quien besar.


A veces puede ser simplemente alguien que, muchos años después, siga sentado a tu lado diciendo:


“Venga, ¿qué hacemos hoy?”


Y tú contestes:


“Lo que sea. Pero juntos.” 💛


 
 
 

2 comentarios


Gromen Banks
Gromen Banks
hace 5 días

Qué bonito suena, pero me llama la atención que todo el texto hable de lo que quieres encontrar en otra persona y prácticamente nada de lo que tú quieres ofrecerle a esa persona.

"Que siga a mi lado dentro de diez años", "que esté ahí", "que podamos ser nosotros mismos", "que hagamos lo que sea, pero juntos"… Todo gira alrededor de tener a alguien disponible y presente.

Pero ¿y la otra persona? ¿Qué recibe de ti? ¿Qué estás dispuesto a construir, cuidar, sostener y corresponder tú?

Porque una relación bonita no consiste en encontrar a alguien que quiera quedarse sentado a tu lado durante diez años. Consiste en conseguir que, después de diez años, los dos sigáis queriendo sentaros el uno…


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