De las ganas de compartir a la vergüenza de dar el primer paso. Hacer nuevos amigos después de los 45 tiene algo de volver al patio del colegio. Con más experiencia y bastante más pudor para preguntar: «¿Puedo jugar?». Podemos decir que nos apetece enamorarnos. Hasta bromear con que queremos un amante. Pero decir «me gustaría tener amigos» parece que nos deja demasiado al descubierto. Como si a estas alturas tuviéramos que llevar la vida social resuelta. El grupo de siempre,